domingo, 22 de noviembre de 2015

El cerebro adicto

Introducción

Desde la antigüedad, el humano ha hecho uso de drogas para alterar su estado de conciencia con fines recreativos o místicos. Básicamente, el humano consume las drogas por que le provocan una sensación subjetiva de recompensa, de placer, de bienestar, al menos cuando inicia en su vida el consumo de sustancias de abuso.

El desorden por uso de sustancias involucra dos patrones de conductas desadaptadas: la dependencia y el abuso. En la dependencia se observa en el consumidor, el desarrollo de tolerancia a la droga, síndrome de abstinencia, pérdida de control en el consumo y uso de la sustancia, a pesar de saber que le puede provocar problemas físicos o psicológicos. El abuso se refiere al uso de la sustancia en situaciones riesgosas, asociadas a problemas legales, o a problemas sociales o interpersonales; y también a su uso recurrente dejando de cumplir con responsabilidades.

Se conocen diversos tipos de drogas, una manera de clasificarlas es si son lícitas o ilícitas.

 Todas provocan un efecto en el sistema nervioso central, impactando primariamente los sistemas cerebrales del placer. Cada una de las drogas provoca efectos específicos en receptores o transportadores de diversos sistemas cerebrales de neurotransmisión. Actualmente, sabemos que conforme el uso de la droga se hace frecuente, los diversos sistemas cerebrales se vuelven más activos, llevando al paciente a una adaptación neuronal. En esta revisión discutiré los cambios observados en el cerebro adicto: qué sistemas cerebrales están involucrados y cómo se ven afectados por el consumo de sustancias. Adicionalmente, discutiré la vulnerabilidad genética y la interacción entre el gen y el medio ambiente (epigénesis) en relación a la adicción.



Los mecanismos cerebrales del placer

Comer, dormir, llevar a cabo conducta sexual, son ejemplos de conductas motivadas que nos proveen de una sensación subjetiva de recompensa cuando las realizamos. El estímulo asociado a cada una de estas conductas (p. ej., el alimento) funciona como reforzador. Un reforzador se define como un estímulo que aumenta la probabilidad de que el sujeto repita una conducta. En el cerebro, tenemos un sistema que se encarga de detectar los estímulos que son reforzantes: el sistema de motivación-recompensa o sistema de placer.

Después se identificaron regiones cerebrales importantes en el sistema de motivación-recompensa. Una de ellas es el Área Tegmental Ventral (ATV), con gran densidad de neuronas dopaminérgicas que proyectan al NAc (Núcleo Accumbens), a la amígdala, al núcleo cama de la estría terminalis, al área septal lateral, a la corteza prefrontal y al hipotálamo lateral. El NAc, también recibe proyecciones de la corteza prefrontal (CPF), el hipocampo, la amígdala, el hipotálamo lateral, el tálamo dorsomedial y los núcleos pedúnculo pontino tegmental y laterodorsal  tegmental. La comunicación entre estas regiones cerebrales ocurre por diversos neurotransmisores como la dopamina (DA), la serotonina (5-HT), la acetilcolina (Ach), el glutamato (Glu), el ácido γ-aminobutírico (GABA), y neuromoduladores como los endocanabinoides (eCBs) y las endorfinas (EDFs) , sistemas que se alteran en la adicción.



Todas las drogas (incluyendo las lícitas) estimulan al sistema mesolímbico, ya sea de manera directa o indirecta, activándolo incluso más que los reforzadores naturales. El neurotransmisor crucial liberado por la administración de sustancias adictivas es la DA, del ATV al NAcc, probablemente responsable de la sensación de motivación por la búsqueda de reforzadores y de placer asociado a su consumo. El incremento en la liberación de DA en el NAc durante la intoxicación con la droga ocurre tanto en sujetos adictos como en no adictos, aunque en menor proporción en los sujetos adictos.

Como hemos observado, el uso de una sustancia de abuso activa al sistema de placer. Sin  embargo, el uso crónico de la droga propicia modificaciones en el sistema de placer, alterando su respuesta, incluso ante reforzadores naturales, de tal forma que el sujeto requiere aumentar la cantidad consumida de la sustancia para producir el efecto inicial (tolerancia)  y deja de responder a los reforzadores naturales. Estos cambios plásticos también ocurren en el sistema del castigo.



Los mecanismos cerebrales del castigo.

 El procesamiento de estímulos amenazantes y otros estímulos emocionales son procesados por la amígdala,  a través de esta, la activación del hipotálamo y del Locus coeruleus, facilita la respuesta al estrés; preparando al organismo para contender con la amenaza que está percibiendo. Entonces, el sistema de castigo está integrado por la amígdala y el eje hipotálamo-pituitaria-adrenal.
Durante la intoxicación con drogas de abuso, además del sistema mesolímbico, también se ha descrito la participación de la amígdala, particularmente del núcleo central. La amígdala proyecta fibras glutamatérgicas al ATV. Tanto el NAc como la amígdala codifican estímulos que predicen una recompensa. Además, se ha observado que la activación del ATV y del núcleo basolateral de la amígdala precede a la respuesta del NAc ante estímulos que predicen la aparición de un reforzador. Esto evidencia la interacción constante de estos sistemas en la evaluación de los estímulos.
Como mencionamos, la administración de una droga durante su uso inicial produce una sensación placentera, pero en después de un tiempo de administración frecuente producirá además una sensación displácetela que es oponente, el síndrome de abstinencia.
Durante la fase de abstinencia a la droga, además del decremento en los niveles de DA y 5-HT en el NAc, se observa un aumento en la liberación del factor liberador de corticotropina (CRF) en la amígdala, probablemente, regulando a la baja receptores GABAérgicos de la misma. De este modo, las neuronas liberadoras de CRF estarían liberadas de la inhibición GABAérgica y se facilitaría la activación autonómica que ocurre durante el síndrome de abstinencia.

 La respuesta fisiológica adversa observada durante el síndrome de abstinencia (p. ej., sudoración, temblores, hipotermia, aumento de la frecuencia cardiaca y respiratoria), provoca un afecto negativo, que se suprime con la administración de la droga, lo que sugiere que en esta condición, la droga funciona como un reforzador negativo. Esto es, se consume la sustancia para eliminar los síntomas aversivos del síndrome de abstinencia, lo que aumenta la probabilidad de que el sujeto consuma  reiteradamente la sustancia de abuso.
En la adicción, durante la ausencia de la droga, a pesar de que la amígdala sigue cumpliendo su función de cuidar al organismo ante la presencia de estímulos aversivos, lo hace favoreciendo una serie de respuestas neuronales que llevan al sujeto a realizar conductas que le permitan evitar el síndrome de abstinencia. Entre estas respuestas están la búsqueda y el consumo de la droga; los cambios neuroadaptativos en el cerebro propician la recaída al consumo de drogas del paciente.


Conclusión

La adicción a sustancias es un problema de salud pública a nivel mundial. Un cerebro adicto se desarrolla a consecuencia de cambios en la fisiología cerebral. Las drogas gustan porque activan prioritariamente al sistema cerebral del placer; este efecto aumenta la probabilidad de que el sujeto consuma nuevamente la droga. Sin embargo, este consumo también activa, aunque en menor intensidad, a sistemas cerebrales como al de castigo. Conforme se hace asiduo al consumo de la droga, se presentan cambios en la actividad de diversos sistemas neuroquímicos cerebrales. Uno de estos cambios es la hiperactivación del sistema de castigo que se expresa ante la ausencia de la droga. Dicha hiperactivación se asocia con la presencia del síndrome de abstinencia.

De esta manera, la recaída en el consumo de la droga ocurre para eliminar las respuestas fisiológicas adversas asociadas a dicho síndrome de abstinencia. Entender esto significa que no podemos demandarle a un sujeto que deje el consumo de drogas de manera voluntaria. Además, a pesar de que logre su rehabilitación, siempre es posible que ocurra una recaída.

Bibliografía
· Periódico electrónico
Manes, F. (2014) El cerebro adicto. En: La Nación.  http://www.lanacion.com.ar/1664901-el-cerebro-adicto  Consultado el 18/11/2015

· Página de internet
Alvarado, S. (2014) Cerebro del Adicto. En: http://www.adicciones.org/enfermedad/cerebro.html
Consultado el 18/11/2015

· Revista electrónica

Prospero, O. (2014) El cerebro adicto. En: https://www.uv.mx/rm/num_anteriores/revmedica_vol_especial_2012/articulos/el_cerebro.pdf Consultado el 18/11/2015