El cerebro adicto
Introducción
Desde
la antigüedad, el humano ha hecho uso de drogas para alterar su estado de
conciencia con fines recreativos o místicos. Básicamente, el humano consume las
drogas por que le provocan una sensación subjetiva de recompensa, de placer, de
bienestar, al menos cuando inicia en su vida el consumo de sustancias de abuso.
El
desorden por uso de sustancias involucra dos patrones de conductas
desadaptadas: la dependencia y el abuso. En la dependencia se observa en el
consumidor, el desarrollo de tolerancia a la droga, síndrome de abstinencia,
pérdida de control en el consumo y uso de la sustancia, a pesar de saber que le
puede provocar problemas físicos o psicológicos. El abuso se refiere al uso de
la sustancia en situaciones riesgosas, asociadas a problemas legales, o a
problemas sociales o interpersonales; y también a su uso recurrente dejando de
cumplir con responsabilidades.
Se
conocen diversos tipos de drogas, una manera de clasificarlas es si son lícitas
o ilícitas.
Todas provocan un efecto en el sistema
nervioso central, impactando primariamente los sistemas cerebrales del placer. Cada
una de las drogas provoca efectos específicos en receptores o transportadores
de diversos sistemas cerebrales de neurotransmisión. Actualmente, sabemos que
conforme el uso de la droga se hace frecuente, los diversos sistemas cerebrales
se vuelven más activos, llevando al paciente a una adaptación neuronal. En esta
revisión discutiré los cambios observados en el cerebro adicto: qué sistemas
cerebrales están involucrados y cómo se ven afectados por el consumo de
sustancias. Adicionalmente, discutiré la vulnerabilidad genética y la
interacción entre el gen y el medio ambiente (epigénesis) en relación a la
adicción.
Los
mecanismos cerebrales del placer
Comer,
dormir, llevar a cabo conducta sexual, son ejemplos de conductas motivadas que
nos proveen de una sensación subjetiva de recompensa cuando las realizamos. El
estímulo asociado a cada una de estas conductas (p. ej., el alimento) funciona
como reforzador. Un reforzador se define como un estímulo que aumenta la
probabilidad de que el sujeto repita una conducta. En el cerebro, tenemos un
sistema que se encarga de detectar los estímulos que son reforzantes: el
sistema de motivación-recompensa o sistema de placer.
Después
se identificaron regiones cerebrales importantes en el sistema de
motivación-recompensa. Una de ellas es el Área Tegmental Ventral (ATV), con
gran densidad de neuronas dopaminérgicas que proyectan al NAc (Núcleo Accumbens),
a la amígdala, al núcleo cama de la estría terminalis, al área septal lateral,
a la corteza prefrontal y al hipotálamo lateral. El NAc, también recibe
proyecciones de la corteza prefrontal (CPF), el hipocampo, la amígdala, el
hipotálamo lateral, el tálamo dorsomedial y los núcleos pedúnculo pontino
tegmental y laterodorsal tegmental. La
comunicación entre estas regiones cerebrales ocurre por diversos
neurotransmisores como la dopamina (DA), la serotonina (5-HT), la acetilcolina
(Ach), el glutamato (Glu), el ácido γ-aminobutírico (GABA), y neuromoduladores
como los endocanabinoides (eCBs) y las endorfinas (EDFs) , sistemas que se
alteran en la adicción.
Todas
las drogas (incluyendo las lícitas) estimulan al sistema mesolímbico, ya sea de
manera directa o indirecta, activándolo incluso más que los reforzadores
naturales. El neurotransmisor crucial liberado por la administración de sustancias
adictivas es la DA, del ATV al NAcc, probablemente responsable de la sensación
de motivación por la búsqueda de reforzadores y de placer asociado a su consumo.
El incremento en la liberación de DA en el NAc durante la intoxicación con la
droga ocurre tanto en sujetos adictos como en no adictos, aunque en menor
proporción en los sujetos adictos.
Como
hemos observado, el uso de una sustancia de abuso activa al sistema de placer.
Sin embargo, el uso crónico de la droga
propicia modificaciones en el sistema de placer, alterando su respuesta,
incluso ante reforzadores naturales, de tal forma que el sujeto requiere
aumentar la cantidad consumida de la sustancia para producir el efecto inicial
(tolerancia) y deja de responder a los
reforzadores naturales. Estos cambios plásticos también ocurren en el sistema
del castigo.
Los
mecanismos cerebrales del castigo.
El procesamiento de estímulos amenazantes y
otros estímulos emocionales son procesados por la amígdala, a través de esta, la activación del hipotálamo
y del Locus coeruleus, facilita la respuesta al estrés; preparando al organismo
para contender con la amenaza que está percibiendo. Entonces, el sistema de
castigo está integrado por la amígdala y el eje hipotálamo-pituitaria-adrenal.
Durante
la intoxicación con drogas de abuso, además del sistema mesolímbico, también se
ha descrito la participación de la amígdala, particularmente del núcleo central.
La amígdala proyecta fibras glutamatérgicas al ATV. Tanto el NAc como la
amígdala codifican estímulos que predicen una recompensa. Además, se ha
observado que la activación del ATV y del núcleo basolateral de la amígdala
precede a la respuesta del NAc ante estímulos que predicen la aparición de un
reforzador. Esto evidencia la interacción constante de estos sistemas en la
evaluación de los estímulos.
Como
mencionamos, la administración de una droga durante su uso inicial produce una
sensación placentera, pero en después de un tiempo de administración frecuente
producirá además una sensación displácetela que es oponente, el síndrome de
abstinencia.
Durante
la fase de abstinencia a la droga, además del decremento en los niveles de DA y
5-HT en el NAc, se observa un aumento en la liberación del factor liberador de corticotropina
(CRF) en la amígdala, probablemente, regulando a la baja receptores GABAérgicos
de la misma. De este modo, las neuronas liberadoras de CRF estarían liberadas
de la inhibición GABAérgica y se facilitaría la activación autonómica que
ocurre durante el síndrome de abstinencia.
La
respuesta fisiológica adversa observada durante el síndrome de abstinencia (p.
ej., sudoración, temblores, hipotermia, aumento de la frecuencia cardiaca y
respiratoria), provoca un afecto negativo, que se suprime con la administración
de la droga, lo que sugiere que en esta condición, la droga funciona como un
reforzador negativo. Esto es, se consume la sustancia para eliminar los síntomas
aversivos del síndrome de abstinencia, lo que aumenta la probabilidad de que el
sujeto consuma reiteradamente la sustancia
de abuso.
En
la adicción, durante la ausencia de la droga, a pesar de que la amígdala sigue
cumpliendo su función de cuidar al organismo ante la presencia de estímulos
aversivos, lo hace favoreciendo una serie de respuestas neuronales que llevan
al sujeto a realizar conductas que le permitan evitar el síndrome de
abstinencia. Entre estas respuestas están la búsqueda y el consumo de la droga;
los cambios neuroadaptativos en el cerebro propician la recaída al consumo de drogas
del paciente.
La
adicción a sustancias es un problema de salud pública a nivel mundial. Un
cerebro adicto se desarrolla a consecuencia de cambios en la fisiología
cerebral. Las drogas gustan porque activan prioritariamente al sistema cerebral
del placer; este efecto aumenta la probabilidad de que el sujeto consuma
nuevamente la droga. Sin embargo, este consumo también activa, aunque en menor
intensidad, a sistemas cerebrales como al de castigo. Conforme se hace asiduo
al consumo de la droga, se presentan cambios en la actividad de diversos
sistemas neuroquímicos cerebrales. Uno de estos cambios es la hiperactivación
del sistema de castigo que se expresa ante la ausencia de la droga. Dicha
hiperactivación se asocia con la presencia del síndrome de abstinencia.
De
esta manera, la recaída en el consumo de la droga ocurre para eliminar las
respuestas fisiológicas adversas asociadas a dicho síndrome de abstinencia. Entender
esto significa que no podemos demandarle a un sujeto que deje el consumo de drogas
de manera voluntaria. Además, a pesar de que logre su rehabilitación, siempre
es posible que ocurra una recaída.
Bibliografía
· Periódico
electrónico
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Página de internet
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Revista electrónica
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